
En el año 2000 tuve la oportunidad de visitarle en su casa en Durham, atraído por su excelencia académica y por la curiosidad sobre su servicio como capellán de altos mandos nazis, presos tras la II Guerra Mundial. De esto último me avisaron que era remiso a hablar y lo dejé pasar.
Me regaló copia de su comentario breve "La epístola a los Romanos" (publicado en Argentina por Nueva Creación). Aún guardo con cariño la tarjeta que me escribió invitándome a visitarle en su casa. Fue un privilegio conocer a un gigante de la erudición bíblica y, a la vez, un hombre afable y sencillo, de trato agradable y cortés. DEP
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